Fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy. Mentireta. |
El primer Estado que surge en la península ibérica, Tartessos, se rigió por la ley más española de todas: los ciudadanos tienen prohibido trabajar. Desde entonces está claro: si trabajas eres pobre; la única manera de ser rico es conseguir que otros trabajen para ti. El santo más español es San Isidro, al que los ángeles sustituían en el trabajo. Con la igualdad ha habido siempre una relación extraña: por un lado se pretende radicalmente (O todos moros o todos cristianos -mejor si eres cristiano viejo, caballero-villano o hidalgo aunque sea de bragueta o por hidalguía universal-, Del rey abajo, ninguno, Nadie diga de García arriba); por otro lado, a diferencia de la tortilla francesa (homogénea mezcla de libertad, igualdad y fraternidad, tras romper los huevos y batirlos), a la tortilla española se le da espectacularmente la vuelta (sinónimo de revolución), pero cuando nos creemos que los de arriba están abajo y los de abajo arriba, caemos en la cuenta de que si somos huevo seguiremos siendo huevo, y si somos patata seguiremos siendo patata.
No fue así. El voto femenino, propuesto desde hacía tiempo por la derecha y recelado por la izquierda, fue impuesto por el dictador Primo de Rivera, que nombró a dedo a trece diputadas. Las dos elecciones de 1931 fueron, en ese aspecto, un retroceso. En otros no. Las municipales de abril fueron la primera vez que un gobierno español convoca unas elecciones y las pierde (o no). |
Siempre ha sido del gusto de la selecta minoría dirigente la recepción de las novedades económicas, políticas, culturales, religiosas e ideológicas que han llegado a este Extremo Occidente: la agricultura, la cerámica (menos la campaniforme, que salió de aquí), la navegación, la metalurgia, los megalitos, la moneda, el alfabeto, el latín y los placeres romanos (las calzadas, el teatro, el anfiteatro, los baños -ya los cerrarán los reyes medievales, como Isabel la Católica, que prometió no cambiarse de camisa-), el cristianismo, las herejías (menos priscilianismo y adopcionismo, que salieron de aquí), el monacato (benedictinos, agustinos, cluniacenses, cistercienses, franciscanos -también de fuera vinieron dominicos y jesuitas, cuyos santos fundadores eran españoles, pero emigrantes del tipo "fuga de cerebros"-), el islam, los placeres orientales (que trajo Ziryab), la monarquía patrimonial, el autoritarismo regio, los placeres flamencos (que trajo Carlos V), los placeres italianos (que trajo Andrea Navagero), los placeres franceses (que trajo Felipe V), los "suspirillos germánicos" de Bécquer... También hubo algunos a los que se ofreció venir, y lo rechazaron (Erasmo -Non placet Hispania-, Einstein...)
En el primer acto del Don Juan Tenorio de Zorrilla, dos hidalgos se reencuentran en una taberna sevillana tras recorrer media Europa, y alardean de sus "conquistas". Véanse imágenes y sus pies en este artículo de Wikipedia. |
Cuando tocó a los españoles expandirse y ser ellos los que influían, se dedicaron a ello en una expansión de alcance mundial que, incluso en plena decadencia, alumbró un Siglo de Oro (también lo había sido cinco siglos antes el de las taifas). Fue a partir de entonces que los foráneos, oscilando entre la atracción y el miedo, el amor y el odio, la envidia y el desprecio, construyeron la hispanofilia y la hispanofobia, la Leyenda Negra y el ¡Eviva España! Los franceses levantan "castillos en España" cuando quieren fantasear; los ingleses se quejan de "prácticas españolas" cuando protestan por una penosa situación laboral y sufren de "estómago español" cuando... Hasta bautizaron "española" a la mortífera gripe de 1918 porque, al ser un país neutral en la Primera Guerra Mundial (recuerda: sólo guerras civiles), fue la prensa española la única que podía informar de la epidemia sin censura; la prensa alemana o francesa sólo podía informar de la gripe... que había en España. Los portugueses, tan españoles como los demás peninsulares (eso dijo Camoens, Príncipe dos poetas de Hespanha), viven de espaldas al interior desde hace mucho (De Espanha, nem bon vento nem bon casamento).
Los estereotipos son reacciones al complejo de inferioridad (Donde un español no llega con la mano, llega con la punta de la... espada) que está en la base del orgullo español: La soberbia, como primera en todo lo malo, cogió la delantera; topó con España, primera provincia de Europa: parecióla tan de su genio, que se perpetuó en ella; allí vive, y allí reina con todos sus aliados, la estimación propia, el desprecio ajeno, el querer mandarlo todo, y servir a nadie; hacer del D. Diego, y vengo de los godos, el lucir, el capear, el alabarse, el hablar mucho alto y hueco... (Baltasar Gracián). Lo más penoso es la endofobia: Oyendo hablar a un hombre, fácil es / acertar dónde vio la luz del sol; / si os alaba Inglaterra, será inglés, / si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España, es español (Joaquín Bartrina -el tópico proviene de Larra y de Cadalso-). Cuanto más "antiespañol" el separatismo se demuestra más españolísimo, por cuanto es cainita (matarse entre hermanos).
Si la historia de España es diferente de otras de nuestro entorno será una cuestión de matices, que para unos serán pinceladas y para otros brochazos. Ninguna nación se ha librado de las sombras, y en España también brillaron las luces; hubo campo y ciudad, hubo súbditos y rebeldes, hubo valientes y traidores, hubo justos y tiranos, hubo tolerancia e Inquisición; hubo humanistas y místicos, hubo Reforma y Contrarreforma, hubo Ilustración y casticismo, hubo Absolutismo y Revolución liberal (de hecho, aquí se inventó ese concepto). Si en el siglo XIX fracasó la Revolución industrial, no se desarrollaron las clases medias ni se mantuvo el imperio colonial, no fue precisamente por la ausencia de todo ello (Franco quería eliminarlo de la historia, quizá los estudiantes lo hubierais agradecido). La neutralidad en la Segunda Guerra Mundial fue algo más aparatoso: respondiendo a la tradición, hubo españoles luchando en ambos lados del frente.
En algo sí es diferente el cuadro que nos han pintado: sus brochazos son negros, la introspección negativa y el pesimismo dominan las reflexiones esencialistas: De todas las historias de la historia la más triste es la de España, porque termina mal (Gil de Biedma). Pero también hubo un poeta que cantó a España, camisa blanca de mi esperanza (Blas de Otero).
Poema de Joan Maragall |
Si la historia de España es diferente de otras de nuestro entorno será una cuestión de matices, que para unos serán pinceladas y para otros brochazos. Ninguna nación se ha librado de las sombras, y en España también brillaron las luces; hubo campo y ciudad, hubo súbditos y rebeldes, hubo valientes y traidores, hubo justos y tiranos, hubo tolerancia e Inquisición; hubo humanistas y místicos, hubo Reforma y Contrarreforma, hubo Ilustración y casticismo, hubo Absolutismo y Revolución liberal (de hecho, aquí se inventó ese concepto). Si en el siglo XIX fracasó la Revolución industrial, no se desarrollaron las clases medias ni se mantuvo el imperio colonial, no fue precisamente por la ausencia de todo ello (Franco quería eliminarlo de la historia, quizá los estudiantes lo hubierais agradecido). La neutralidad en la Segunda Guerra Mundial fue algo más aparatoso: respondiendo a la tradición, hubo españoles luchando en ambos lados del frente.
Usado en Wikipedia (Ser de España, vésae también mi taller). |
"Los españoles se divierten", de Bocherinni.
Te sonará si has visto Master and Commander.
Intenta cantarlo con el estribillo:
"Yo soy español, español, español".
Se le puede aumentar la letra:
"Mira quién baila, la, la
quién se divierte e e e
quién gana en los deporte e e es
quién tiene sol y playa
dónde hay más bares que bibliote e e e e cas"
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